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La construcción del repertorio moderno de la guitarra, instituido por Andrés Segovia, se basa en composiciones de músicos como Joaquín Turina (Fandanguillo, Sevillana, Homenaje A Tárrega, Ráfaga, Sonata).
Turina es un compositor que combina de una manera sublime entre la música popular española y el colorismo impresionista sin perder de vista matices y ciertas armonías que sólo se encuentran en la música de jazz.
También Federico Moreno-Torroba (Sonatina, Suite Castellana, Nocturno, Piezas Características) destaca con sus composiciones para guitarra cuya esencia radica en la tradición popular castellana y sus componentes impresionistas.
La tragedia de la Guerra Civil convirtió en cierta forma el entorno musical en un páramo en el que destacan Mompoú. Asencio, Juliá y Manén , músicos que descansan su estilo en la tonalidad y en el modelo clásico.
Un poco posterior pero no de menor categoría hay que mencionar a Antón García Abril (Suite, Evocaciones) quién también se mantiene bastante fiel a la tradición.
El movimiento conservador musical en España no produjo valores muy significativos.
Sin embargo, existe una serie de músicos que podríamos denominar de transición, entre ellos Roberto Gerhard (Fantasía), Joaquim Homs (todos vivieron fuera de España por causa de la dictadura) cuya actividad musical supuso una revisión de premisas dodecafónicas en contraposición a la tendencia nacionalista imperante en el panorama español.
El movimiento vanguardista se movió por el sentimiento de abolir el estereotipo de que la guitarra es un instrumento nacional (i.e. "aversión" cordial al Concierto de Aranjuez), nos encontramos con Cristóbal Hallfter (Codex I), Joseo M. Mestres-Quadreny (Preludio), José Ramón Encinar (El aire de saber cerrar los ojos).
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